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jueves, 7 de julio de 2016

Durmiendo con el diablo



-       
Eres lo peor que me pudo haber pasado
-          - Pero tú lo escogiste.
-          - Sí. Tienes razón. Lo escogí. Pero ahora ya no lo quiero. Ya no quiero esto. Estoy aburrido de esta obra en donde siempre me llevo la peor parte.
-         - Ah. Es que ese es tu problema. Eres una persona débil. No tienes capacidad de entender las cosas, y al final terminas como costumbre, en el fondo de un pozo, pidiendo ayuda. Que te quede claro que esta vez no voy a salir en tu ayuda.
-          - No te la he pedido.
-          - Entonces cállate. Quiero dormir.

Transformar una relación en un podio para exponer los defectos del otro, es sin duda un mal ejercicio que a menudo, parejas de mucho tiempo comienzan a desarrollar. Usualmente es este el gran motivo que termina por desatar muchas de las crisis que a posterior, significarían el triste desenlace. ¿Pero que nos motiva a desarrollar una sistemática ofensiva contra alguien que en algún momento, entraba en el rango de la perfección?
Haga un breve análisis. Es probable que sus intenciones siempre hayan sido las mejores. Y muy probable, las de su pareja igual. Pero eso no fue suficiente. En algún momento, alguien descubrió trazas de humanidad. Si, aquellas cosas malas que también forman parte de nosotros. En este punto todo podría traducirse en ¿Así como podemos vivir con lo bueno, podemos vivir con lo malo? ¿Y si tolero lo malo del otro, el otro, tolerara lo malo en mí?
¿Qué resultara de esta nueva etapa?
Es un dilema interesante. Nunca conocemos una pareja mostrando nuestros defectos ni falencias. Si lo hiciéramos, seria probable que nunca encontraríamos una pareja, o quizás si, pero no deja de ser interesante el ejercicio de pensar en que una relación, usualmente se traduce en un proceso de adaptación para el que hay que estar preparado.

- Estaba durmiendo con el Diablo, y no me di cuenta.

martes, 24 de mayo de 2016

Un Saco de Huesos



“El dolor del duelo es como un invitado borracho, cuando parece que se ha marchado vuelve a darte un último abrazo.” – Un saco de Huesos, Stephen King

¡Ay, el dolor señor King! Si hasta usted considera lo considera como un invitado (desagradable por lo demás) importante dentro de sus escabrosos relatos. Y es que, sin caer en la pretensión, ¿Qué tiene que envidiarle el dolor a los efluvios mágicos que podría tener una criatura del averno, o un payaso diabolico que habita en las profundidades de un pueblo, acechando a un grupo de niños? Me temo que nada o casi nada.

Vivimos pensando en el terror, como el resultado de nuestra interacción con alguna criatura o situación fantastica, cuando de verdad, en muchas etapas de nuestra vida, nuestras emociones son carcomidas por situaciones mucho más comunes de lo que esperamos, y en ellas nos encontramos como resultado esta emoción, que suele ser un tormento que nada debe envidiar a los monstruos más temibles. ¿Es acaso el dolor de la perdida en realidad, la materializacion de un fantasma que nos atormenta? y si asi fuese,  ¿Cómo pudiese liberarse un corazón herido de una maldición tan compleja?
La novela “Un Saco de Huesos” - que relata una historia de maldiciones y fantasmas - , nos brinda una historia muy interesante sobre el peso del dolor en nuestra vida (y la de los demas), y que estamos dispuestos a hacer para dejarlo ir. La novela, que cita textualmente la frase de "superar un duelo”, habla de igual forma, de que no pueden tomarse a la ligera los alcances de esta condicion, pues, un acontecimiento determinado, puede sin duda alguna, modificar nuestra conducta de manera definitiva, para bien o para mal.

Es normal que las personas tiendan a  cubrir el dolor, con euforia, y todos aquellos sentimientos y conductas que coquetean con la autodestrucción, pero,  ¿No le parece curioso, que lo único que queramos sea olvidar un determinado acontecimiento, pero este se manifiesta con aún mayor fuerza en nosotros? Y lo anterior solo parece acentuarse cada vez que buscamos una vía de escape rápida. ¿No es quizas la aceptación de esta emoción, una clave para liberarse de ella? Cuando aceptamos el dolor, este parece perder toda la fuerza que posee sobre nosotros.

Quizás debiéramos tomar un consejo del libro:  A veces hay que enfrentar los fantasmas del pasado, para que estos nos dejen libres. Puede que a veces, la maldición de un duelo, simplemente este ahí, porque nosotros se lo permitimos.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Errores # 1

Es curioso, pero hay ocasiones en que aceptar un error, se traduce en una experiencia un tanto dolorosa, porque usualmente, uno no puede entender que la decisión que uno ha tomado, termina volviéndose en contra de uno, sobre todo cuando ha pensado en que todo sería para mejor.

 Sin embargo, creyendo firmemente en que en el universo nada es "accidental" y todo forma parte de un puzzle que no siempre podemos ver en el momento, creo que los errores se transforman sin querer, en valiosas fuentes de aprendizaje, aunque para que esto ocurra, debemos mirar fijamente en nosotros mismos, y por sobre todo, en nuestro entorno.Hay ocasiones en que las decisiones que creemos haber tomado responsablemente, solo cubren una parte del problema. Hacerse responsable de una decisión que finalmente consideramos un "error", incluye también el hecho de perdonarnos y aceptar que, no somos perfectos, ni estamos cerca de serlo. Siempre existe la posibilidad de pedir perdon, pero también, uno de los más difíciles ejercicios de esto, es perdonarnos a nosotros mismos. No podemos vivir acarreando culpas por decisiones que creímos en el momento adecuadas. Si llegamos a ese punto, quiere decir que nuestra consciencia estaba segura que esa era la solución. 
Martirizarse por los errores y decisiones que tomamos, no tiene sentido alguno. Lo hecho, hecho esta, y no hay nada que podamos hacer para cambiar el pasado, pero si mucho por hacer para cambiar el futuro y por sobre todas las cosas, vivir el presente de la mejor manera, observando con paciencia y serenidad nuestro entorno, sin tratar de engullirlo para lavar la culpa que podamos acarrear. La culpa no es otra cosa que arrastrar el pasado más de la cuenta. ¿Si no nos perdonamos, ni perdonamos, crees que podrás liberarte del rencor o el odio alguna vez? La vida es corta. Vivir aferrados a un sentimiento que nos daña, no tiene sentido alguno.

martes, 23 de junio de 2015

Observar la Sombra



Hábilmente, te haces del control como costumbre. Y ahí aparece nuevamente el niño herido de mi infancia. Asustado, temeroso. Nunca amado. Siempre un objeto, un siervo, un amante, pero nunca un ser completo. Aquel que pensaba que la vida sería de una forma completamente a la que le tocó vivir. Lo alzas entre tus brazos y le prometes redención. Lo seduces y sumerges dentro de tus tinieblas, que no son otra cosa que tus dominios, en donde el dolor se hace necesario para vivir. En el borde de la vida y la muerte, pero en verdad, lo que tú quieres inconscientemente es la muerte, aunque ello implique que tú mismo desaparezcas.

Durante tanto tiempo, me refugie en tu regazo, pensando que aquel festín de lágrimas sin derramar, de odio y recelo, serian una armadura lo suficientemente poderosa para enfrentar al mundo; para poder interactuar con la gente y sentirme seguro. Pero era imposible anticiparse al ardid que habías planificado tan sabiamente.  Sabías que si me dejabas preso del dolor, tu presencia se haría más fuerte, y tomarías el absoluto control de todo. Y te dejé. Te dejé que hicieras las cosas a tu manera. Y me volví un ser despreciable, y vicioso. Alejado totalmente de la virtud. Dejé que sabotearas cada uno de los esfuerzos que hice en mi vida, para dejarme siempre en cero, y gruñendo como un animal herido. 

Eso es lo que yo te permití hacer. 

No te culpo por existir. Eres parte de mí, pero no sabía de tu existencia. Creí siempre que los problemas emocionales venían del exterior, y jamás del interior. Pensaba que eras un mito, una leyenda urbana. Una canción perdida en el tiempo. Fue así como empecé a observarte, oculto en las mismas sobras que tejiste a mí alrededor tanto tiempo. Y un día te embosqué, y me di cuenta donde había estado tanto tiempo. Envuelto en una vida que no quería, en donde no era más que un actor interpretando un guion que no estaba claro. Relacionado con gente dañina, gente que no quería sanar y que alimentaban tu presencia. Ya te descubrí y no caigo en tus trampas. Y sé que hoy no te queda más que disfrazarte de rencor angustia y violencia, pero es lo único que te queda para seguir reinando un lugar que ya no te pertenece.

viernes, 12 de junio de 2015

Abismo

Podría tenerlo todo en este momento, en que tranquilamente acaricio tu pelo, y me sumerjo constantemente en tu boca. Pero hay algo en esto. Algo que no podría interpretar con palabras, pues nunca lo había sentido antes. Es como si en verdad, todo esto que hago, lo hiciera solo. Es como si no estuvieras acá. ¿No es extraño? No me hace sentido que me digas que me quieres, y que a veces timidamente me digas que me amas. No me hace sentido que mientras trato de alcanzar tu corazón con la mirada, tus ojos digan otra cosa. Que te enrosques en una caparazón, recubierta por las más hermosas señales, pero que dentro oculte algo. No lo entiendo a decir verdad. Hoy nuevamente me quedo estupefacto, mientras lloras a un costado mio. Intento abrazarte, pero hay un sudor frio e incomodo en tu cuerpo, que traspasa tu ropa. Hay algo en ese gemido, ahi esta la verdad, lo se, pero se me hace imposible llegar a ella. En este momento, esta expuesta la verdadera persona que eres, pero no se que hacer para retenerla. Es aqui donde deberiamos habernos conocido, es en este preciso instante. Pero ya es tarde. Nuevamente y bajo la excusa de un abrazo, tratas de arrimarte sofocada a mi cuerpo inquieto y sediento de tus caricias. Ahi se acaba todo de nuevo. Pienso, y le doy miles de vueltas, tratando de entender que es lo que hay en el fondo de esas lágrimas, de ese pesar. Que hay detras de esa sonrisa que enseñas al mundo, pero esos ojos que encierran tanto dolor, como si les hubieran arrebatado algo. Como si te hubieras acercado demasiado al abismo y el abismo haya penetrado para siempre en ti.