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lunes, 6 de abril de 2015

Grey Tour



Tarde gris. Sumergido en mi habitación y en la oscuridad artificial, que provocaban las cortinas cerradas. Se escuchaban las primeras gotas de la lluvia rebotando sobre la cornisa, como una marcha de pequeños seres, que anuncian la llegada de un carnaval.

Tarde gris, y un día feriado. Completamente solo encerrado por el clima y los sentimientos.

Pensamientos grises como el día. Reiterativos. Algunos complejos, otros que vagaban sin rumbo fijo, dejando a su paso una estela de dudas. Todos ellos,  se daban cita en mi cabeza en aquel momento. La nostalgia del tiempo perdido, que se hacía presente en aquella tarde gris.

Salgo a caminar. En medio de la lluvia y la música que sonaba tenue en mis oídos, tratando de buscar un poco de calma, respirando el frio aire de Abril, que me recordaba a mi niñez.

No había calma por supuesto, solo había caos y tristeza. No existían las palabras correctas ni las palabras incorrectas. Solo quería salir de esa situación, esperando que el camino que tomaría esa tarde, hiciera el resto. Caminar sin rumbo. 

Tomo el bus con destino a ninguna parte. Gente abrigada sube tímidamente mientras tratan de cobijarse del frio. Al fondo, la cúpula gótica de la catedral, apuntando hacia el cielo como una flecha gigantesca. La micro baja hacia un túnel, que parece la boca de un gigante hambriento. Apenas me levanto y toco el timbre. Me bajo.

Finalmente, estaba ahí. Parado en una catedral gótica que siempre quise visitar. Interrumpí la liturgia con mi presencia. Hacia frio al interior. Y ahí me quede sentado tratando de aclarar las ideas y entender en lo que todo se había transformado hasta ese punto. No había respuestas. Al menos no las que quería o pretendía obtener. Solo interrogantes cada vez más profundas que se fueron haciendo una pesada carga para aquella tarde. Dios estaba calentándose las manos o tomándose un té. 

Definitivamente no estaba ahí.

Regreso a mi hogar. Enciendo la luz de mi mesa de noche. Tengo los zapatos mojados y los pies también. Ahí donde alguna vez estuviste acurrucada, solo quedaba un espacio vacío en donde solo hay desprecio y orgullo. Tomo el teléfono y simulo marcar. Simulo hablar, mientras afuera la lluvia comienza a tomar fuerza y su sonido me tranquiliza. Me sumerjo en las tinieblas de esta tarde, abrazado por la indiferencia de los recuerdos.

Se había acabado el tour gris de aquella tarde.

viernes, 6 de marzo de 2015

Tarde de Lluvia



Una tarde de lluvia. El vacío y el silencio. Algo de calor se logra acumular bajo las tapas, pero el frio entra rápidamente, congelando la piel. Me cubro de prisa. 

Afuera, furiosa, la lluvia sigue cayendo, como una orquesta de sonidos intermitentes. El olor a humedad, se asoma un poco, mientras intento acomodarme, intentando evitar el sudor, que se clava frio sobre mi espalda.

 La oscuridad se cierne sobre el cuarto. Solo se escucha mi respiración, que se une a tus latidos. Tratando de abrazar lo que en algún momento no estará más. 

Pienso. Pero a la vez no quiero pensar. La pasión de hace algunos momentos pudo haber derretido cualquier problema, pero el frio de nuestros cuerpos, hace temer lo peor. De pronto inquieta te alejas. El calor de nuestro nido te sofoca. Te levantas desnuda, en medio de la oscuridad. Apenas distingo tus curvas que miro como un intruso, mientras se cubren y desaparecen rápidamente tras la puerta. Tengo frio. La lluvia sigue cayendo. Aparecen unas lágrimas rápidamente, que intento secar a prisa, sin frotar mis ojos para que nunca te des cuenta. Vuelves al cuarto, sin hablar. Te metes nuevamente a la cama, tratando de evitar mi abrazo. Insisto. Te enojas.  Sigo mirando hacia el techo, buscando alguna forma de atravesar esta oscuridad que ha crecido aún más. Me siento a un costado, y enciendo un cigarro a solas, y sigo pensando, tratando de encontrar respuestas que no voy a encontrar.  Me levanto, y me sirvo un té, que se enfría rápidamente mientras el frio del exterior se cuela por el orificio de la ventana con el vidrio quebrado. 

Se hace de noche, el silencio y la lluvia enmudecen todo dialogo, y caigo dormido esperando que me hables. Pero no lo logro. Y caigo envuelto en las mismas pesadillas una y otra vez, mientras te observo. Observo tu espalda semidesnuda, que se cubre rápidamente para evitarme. 

Cae la noche, y el silencio nuevamente se apodera de todo.

jueves, 19 de febrero de 2015

El Ataúd



Se despertó como todas las noches, tratando de distinguir si estaba dentro de un sueño, o una pesadilla. La oscuridad lo engullía con facilidad, mientras los latidos de su corazón se aceleraban con prisa. El despertador sonó como costumbre a las 3 de la mañana. 

Trató de reincorporarse difícilmente a la realidad, entre una mezcla de sollozos y agitada respiración. Le zumbaban molestamente los oídos y un sentimiento indescriptible se instalaba en su pecho. Lo conocía, sabía que era, pues no era la primera vez que lo experimentaba, pero en esta ocasión tenía una percepción diferente de él.

Muchas veces, durante incontables meses repitió esta rutina. Cada vez que despertaba, añoraba poder abrazar a alguien en medio de esa oscuridad, alguien que pudiera protegerlo de aquella siniestra canción de muerte nocturna que lo atormentaba, la misma que ahora penetraba lentamente en su pecho y lo llenaba de angustia y aflicción. Estaba solo. Ya no había nadie ahí para él.

Puso atención en aquella voz interior, a aquel gemido, a aquel sentimiento de aflicción.
Por unos minutos, logro callar los demonios que despertaban a esa hora en su cabeza, los que se afanaban a entonar un coro ciclico y destructivo, que debía alimentarse del pasado, de la perdida. De concentrarse en el dolor.

En medio del silencio trato de resolver el enigma oculto de aquella inconsciente liturgia de alborada.

Un escalofrío recorrió su cuerpo., mientras perplejo, descubría la realidad.

Quien clamaba en la profundidad, era el mismo, enterrado en aquel ataúd que creía sería su cuerpo. Su vida, sus anhelos, sus expectativas. Todo había cambiado. Pero aún se aferraba con fuerza, casi demencial, a lo que ya no estaba más.

No era necesario estar muerto, para estar enterrado en vida. Eso fue lo que aprendio aquella noche, mientras los demonios miraban con recelo, como su catedral nocturna, se había derrumbado.




viernes, 16 de enero de 2015

La ley del Hielo

"No te hablo, No me hablas,
y solo el silencio nos observa,
Como dos desconocidos,
Nos miramos el uno al otro,
y sabemos que llegará el día,
en que no hablaremos más".

 



La Universidad de Baylor, en Texas, llego a la conclusion que la ley del hielo, puede herir aún mas que una discusión real:
"Según afirma el estudio, por lo general en una relación existe una persona que se retira y otra que hace las demandas. Cuanto más uno exige y se queja, más la otra parte se retira, y así sucesivamente, señala el estudio. Este comportamiento repetitivo, finalmente termina por quebrar la relación y de una manera mucho más definitiva que una discusión, donde al menos, ambas partes explican lo que les está molestando. 

Por ello las personas necesitan ser conscientes de lo que está ocurriendo y de encontrar una alternativa o un enfoque más constructivo y educado para resolver los conflictos."


El silencio, llega cuando las palabras no surten efecto en la cabeza de la otra persona. Es sin duda un ejercicio erroneo, pero, cuando quedas relegado a ser siempre como el que "crea los problemas" - en una absurda idea de que los problemas de la pareja surgen de solo un extremo- , y tienes que ser quien quiebre siempre estas "treguas" de silencio, terminas dandote cuenta que por mucho que intentes manejar la comprension, todo será una prorroga hasta el proximo silencio.

¿Como llega una pareja a elegir el silencio como una opción para sus problemas?

Pienso que si bien, no es el mejor de los recursos para solucionar un problema, puede calmar las cosas. Creo que las palabras pueden herir más en el tiempo que un silencio. Quizá el silencio dé paso a la reconciliacion silenciosa... aunque también puede ser la manta que cubre la herida que seguirá sangrando en el tiempo. Yo solo tengo claro, que en una pareja no debiesen existir mas códigos que la comunicación. Hablar lo que te pasa, y no pensar tanto en lo que el otro estará pensando. La "duda mata". El interes por superar una discusión, siempre tiene que nacer de las dos partes. Cuando no es así, estamos frente a lo que probablemente será una relación victima-victimario, la que lamentablemente será sumamente tóxica para una de las partes.